Estableciendo  la importancia de la educación en esta nueva configuración social, es que se necesitan cambios en la manera que concebimos el proceso educativo, ya que hemos de entenderlo como una entidad compleja e inteligente, capaz de aprender y además creadora de su propio conocimiento.

Para Morín (1999), la pedagogía, la ciencia que estudia el proceso educativo,  requiere una forma de pensamiento distinta, que permita unificar diversos factores y elementos que se constituyen en la formación humana; es decir, utilizar un pensamiento complejo. Esta nueva forma de pensar, debe encaminar a los individuos y las naciones, hacia el bienestar, la evolución y la productividad, configurando su nueva esencia y personalidad.

Al comprender la complejidad como un paradigma, la pedagogía necesita complementarse con diversas áreas para lograr el desarrollo integral del ser humano, en donde prevalezca la colaboración interdisciplinar, multidisciplinar y transdisciplinar. Por lo tanto, se requiere una metodología de investigación común, capaz de establecer múltiples relaciones interdisciplinares y de conformar nuevos ámbitos de conocimiento.

Ante esta situación, “La neurociencia constituye un nuevo paradigma que permite analizar  y explicar el comportamiento humano inteligente desde perspectivas teóricas diferentes, pero que al mismo tiempo son complementarias, pues el hombre solo se completa como ser plenamente humano por y en la cultura. No hay cultura sin cerebro humano, no hay mente humana, es decir capacidad de conciencia  y pensamiento sin cultura. La mente humana es un surgimiento que nace  y se afirma en la relación CEREBRO-MENTE-CULTURA, donde cada uno  de los términos necesita al otro”.[1]

Es por ello que para Raúl Salas (2003) la neurociencia no solo se debe considerar como una disciplina, sino que es un conjunto de ciencias cuyo sujeto de investigación es el sistema nervioso, con particular interés en como la actividad del cerebro se relaciona con la conducta y el aprendizaje. Además Kandel (2001) sostiene que su objetivo es comprender los procesos mentales, merced a los cuales  percibimos, actuamos, aprendemos y recordamos.

La neurociencia al ser una ciencia dinámica y en constante configuración, avanza día a día en el conocimiento del cerebro humano, pues asumimos que es el único órgano que se estudia a si mismo lo cual conlleva a la subjetividad del proceso investigativo. En la actualidad, presenciamos su fortalecimiento y un acercamiento directo al área educativa. Si bien los hallazgos de la neurociencia tienen implicaciones para la teoría, es necesario validar este conocimiento desde el aula, de manera que las explicaciones  sean contingentes y permitan profundizar en el conocimiento acerca de las condiciones bajo las cuales el aprendizaje puede ser más efectivo; por otro lado. Ejemplo de esto es el Diseño Universal de Aprendizaje que nace a partir de las consideraciones de la Neurociencia emocional y social.

Otro punto a considerar dentro de esta línea de investigación, está en el hecho de que deben existir puentes conciliadores entre neurociencia y educación, y así quebrar la brecha entre las investigaciones de laboratorio y las prácticas pedagógicas. Dicho vínculo, permitirá comprender de forma integrada el funcionamiento del cerebro, evitando caer en mitos y reduccionismos con generalizaciones erróneas. Situación que ha dificultado el entendimiento de los aportes neurocientificos dando origen a variados neuromitos en educación, tales como la dominancia hemisférica, el mito de los primeros años o los periodos críticos para aprender.( Bruer)

En dicha perspectiva, la neurociencia vista y aplicada desde la arista educativa, es un campo científico investigativo atingente a los requerimientos sociales, pues logra reunir diferentes miradas para lograr comprender el proceso de desarrollo humano. Dentro de estas ciencias y disciplinas, está la biología, la ciencia cognitiva (psicología cognitiva, neurociencia cognitiva), la ciencia del desarrollo (neurodesarrollo) y la pedagogía; las cuales permiten investigar las bases biológicas de los procesos de aprendizaje y enseñanza.

Para Ana Lucía Campos: “Las diferentes investigaciones realizadas año tras año vienen revelando, por un  lado, conocimientos más confiables sobre las funciones cerebrales complejas, las cuales son estimuladas, fortalecidas y evaluadas día tras día en los centros educativos; y por otro lado, vienen ayudando a entender el proceso de desarrollo cerebral que empieza en el útero materno y sigue durante las diferentes etapas del ciclo vital, donde herencia genética y entorno se entrelazan y definen el desarrollo de la persona; todo esto permite al educador conocer más profundamente al ser humano  que está formando”.[2]

Bajo esta realidad, y producto de la transdisciplinariedad, han nacido últimamente  ciertos procesos neuroeducativos basados tanto en aspectos universales respecto al aprendizaje y el cerebro, como en aspectos más individualizados del aprendizaje, como la influencia de la motivación y los estados emocionales.

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[1] MORÍN, EDGAR. citado por PIZANO, GUILLERMINA. (2007) en “La neurociencia y los siete saberes”. [Texto PDF]. Investigación educativa Investigación Educativa vol. 11 N.º 20, 21 – 32 Julio-diciembre 2007,  ISSN 17285852. P.25.

[2] Campos, Ana Lucia. [s.a.]La neuroeducación: descartando neuromitos. [Texto PDF.] P.5.

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